lunes, 28 de septiembre de 2015

Destinados a encontrarse



Se cruzaban cada día y no se veían. No veían el amor que crecía con el paso de los días. Las miradas se cruzaban y sólo sonreían. Sonrisa tras sonrisa, mirada tras mirada y tan solo fue cuestión de tiempo que surgieran las palabras. Aquel día les animaba a querer, conseguir y continuar. Y las palabras surgieron a borbotones, de forma torpe, rápida y desigual, como si de un globo de agua se tratase.

- Hola -Susurró ella de forma casi imperceptible, con la cabeza gacha y sonrojada como si fuese un tomate.

- Buenas tardes - Respondió él sentándose a su lado. - Soy Carlos, ¿y tú eres...? - Inquirió sin apartar la vista, buscando sus ojos.

- Yo...eh...Alex...Alexandra, encantada. - Contestó a su pregunta de forma torpe y desastrosa mientras levantaba la mirada, buscando esos ojos azules que se le antojaban tan inmensos como el mar.

Carlos, despacio, se acercó a ella, dándole un pequeño y sutil beso en la mejilla, a lo que ella respondió sonrojándose nuevamente y tomando la valiente decisión del contacto físico que tanto ansiaba tan solo acariciándole la mano.

Él, que sentía que el corazón se le iba a salir del pecho de la emoción, se aventuró a darle un beso en los labios, a sabiendas del posible rechazo. Sin embargo, lejos del rechazo, fue correspondido de igual forma, con la misma intensidad. Se fundieron uno con otro, dejando explotar un sin fín de emociones y sentimientos, dejando atrás temores y vergüenzas.

Y así pasaron los días y los meses, viviendo, sintiendo y experimentando todo aquello que callaron. Hasta que, un día cualquiera, entre paseos, conversaciones y relatos de la niñez, mostrándose fotos de su infancia, cayeron en el detalle, ese pequeño detalle del que nunca parecieron darse cuenta. Se conocieron con anterioridad.

- ¡Cielo! - La llamó Carlos al percatarse de aquel detalle - Ven aquí un momento, por favor.

- Dime amor - Contestó ella acercándose a la sala de estar y sentándose a su lado.

- Mira esto - Dijo mostrándole dos fotos de cuando tenían 3 y 7 años respectivamente - ¿Reconoces al chico pecoso de ahí? – continuó señalando en la foto al niño descrito.

Alex contempló las fotos por unos minutos, pensativa - Soy yo, y... ¿tú? - Clavó su mirada en los ojos azules de su amor.

- Exacto, sabía que te conocía de antes - Se tiró sobre ella besándola en los labios y rodeándola con sus brazos.

Se dejaron llevar por aquel beso, fundiéndose el uno con el otro lentamente, con la emoción y alegría recorriéndoles las venas. Fueron sus primeros amores aún sin saberlo en el momento del reencuentro. El destino quiso que estuvieran juntos.

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