viernes, 17 de noviembre de 2017

Razones



He devorado por completo la serie de Netflix “Por trece razones”. Y digo devorado porque no hay palabra que mejor lo resuma. No daba un duro por la serie, y terminó enganchándome. Y eso no se suele conseguir muy a menudo conmigo.

Creo que lanza un mensaje muy duro y real a la sociedad.  Habla de bullying, algo demasiado sonado últimamente en todos los medios de comunicación y redes sociales. También habla del suicidio -adolescente/juvenil, mayormente-, y de cómo pequeños actos, pequeñísimas cosas, pueden amontonarse hasta formar una gran montaña de problemas. Y a veces, esas montañas, llevan a la gente a hacer cosas horribles. Algo también demasiado en auge últimamente.
Mirando unos meses atrás, hemos podido escuchar, ver o leer sobre jóvenes que se han quitado la vida en diferentes puntos del globo, generalmente por abusos verbales y/o físicos.
¿Qué nos está pasando? ¿Estamos perdiendo la poca humanidad que nos quedaba?

En lo personal, y volviendo a “Por trece razones”, en muchos puntos me he sentido identificada con Hannah. De un modo u otro, yo también sufrí burlas y mofas hace algún tiempo. De hecho, todavía hay alguna esporádicamente. He perdido amistades por lo que contaron otras lenguas. Personas que ni siquiera han llegado a entablar una conversación conmigo. He pasado entre miradas de odio, desaprobación y superioridad de personas que ni me conocen, pero creen hacerlo. No quiero ser “otra” víctima, pues ahora todo el mundo parece haberlo sufrido.

Soy fuerte. Supero las situaciones que están a mi alcance. Y las que no…procuro que no me afecten en mi día a día. Aunque, en ocasiones es inevitable enfrentarse a ellas. Y te golpean de frente como en un ring de boxeo. Peleas con ello aun sabiendo que tu derrota está escrita. Después, vuelves a casa envuelto en moratones y magulladuras invisibles a simple vista. No se ven, pero lo sientes.
Lo que ocurre, es que muchas veces, quizá demasiadas, el daño no se ve por fuera, no se aprecia. Todo lo guardas dentro, envuelto en innumerables capas de alegría sujetas con sonrisas.
No se nota. Y en realidad a nadie le importa si estás bien o mal, sólo quieren desahogarse ellos mismos. Contar sus problemas, que les ofrezcas una solución o consejo directo y ya está. Fin del asunto.

El problema es que no todo el mundo es así. Existen personas que no escogen a alguien para desahogarse, si no para pasar un rato en buena compañía.
Hay quien oculta sus heridas invisibles al mundo. ¿Por qué? Quién sabe, hay millones de respuestas posibles. 

Esas personas que no lo muestran, pero lo exteriorizan de alguna forma. Se desahogan de innumerables formas: escribiendo, bailando, cantando, fotografiando, pintando…y un largo etcétera.
Creo que deberíamos aprender a ver en otras personas signos de auxilio. Deberíamos tender de vez en cuando una mano amiga, ayuda. Hablar, en ocasiones, es una gran terapia.
Hay mucho más allá de lo que creemos/queremos ver.

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